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Sentencia como un jarro de agua fría. El escalofrío surca la espina dorsal y enmudezco. Cuatro segundos de tenso silencio, cortante y cargante. “¿Cuánto estás fumando ahora?“, no puedo evitar preguntarle-deformación-profesional. “Nada“, responde seguido de un no-te-preocupes-estoy-perfectamente. Y anulo la intuición como un mecanismo de defensa, porque no quiero saberlo, no quiero percibirlo…sólo deseo vivir el día a día hasta la extenuación si es necesario, sin límites, sin fechas de caducidad, sin palpables ausencias, sin amenazas…refugiada en la atrevida ignorancia…

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