La pregunta del millón…

Cinco de la mañana. Consultas. Sentada en la camilla, piernas colgando, espalda contra la pared. Ojos a medio camino del sueño, abiertos de par en par. Justo después de resolver un par de dudas de la avispada R1 de intensivos, otro de los residentes favoritos me pregunta, porque es la hora imprecisa de las confesiones, supongo, cómo llegue a Madrid…

Y me sorprendo contando, otra versión del pasado, a veces más barroca, otras, más desnuda; cuando en realidad, la respuesta es sólo una: “Porque tuve mucha suerte…

Madrid me ha dado tanto que siempre estaré en deuda…

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