Padrinos

¿Realmente es cierta esa máxima de quien no tiene padrino no se bautiza?, me desesperaba ante las evidencias de la realidad en esa conversación de pasillo tan profunda, de las que estila mi coerre favorito, por el fondo, no por las formas, aunque es en los lugares de tránsito donde se fraguan las reflexiones más contundentes…

Empiezan a esbozarse líneas de futuro, posibilidades, planteamientos de qué hacer y qué no, balances…ante la fecha inminente de caducidad de la residencia, con ese sabor amargo y agridulce de haber dado tanto de sí y no haber sido valorados, dar y dar hasta la saciedad y más allá, internistas incombustibles, perpetuos de Hospital…y aunque no me sorprenda, me entristece ver el reflejo de esa posibilidad de que dejen escapar a una mente brillante y privilegiada cuando ninguna otra empresa plantearía ninguna duda, si pudieran elegir, sí o sí, contarían con los profesionales mayor cualificados y capacitados…

¿Por qué no mimamos a nuestros residentes que acaban, por qué les dejamos ir, por qué no valoramos al profesional que culmina su formación y le ofrecemos un contrato digno, por qué no se potencia a quien se gesta?

(Sobredosis de realidad)

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3 respuestas a Padrinos

  1. * dijo:

    Eso mismo me pregunto yo cada día… y no obtengo respuesta. Mientras que unos son remunerados y reconocidos por leer el periódicos, otros gigantes recién hechos tienen que llevarse la decepción de no sentirse queridos, reconocidos, útiles, en esta jungla viciada

  2. fingus dijo:

    Me temo que nadie quiere luchar ante el pasado…sólo unos locos como tú se lo plantean, pero parar una maquinaria que lleva tanto tiempo moviéndose en una dirección es muy complicado…

  3. Luis Lozano dijo:

    He visto “crecer” a mi lado a varios médicos de familia enormes, que, tras acabar su residencia se han visto abocados a la nada o, desde mi punto de vista a algo casi peor: abandonar una atención primaria que les gustaba por unas guardias en puerta más “estables”.
    Aún así su trabajo personal va poniendo a cada uno en su sitio. El tiempo, aunque lento, corre a favor de los que trabajan (al menos a veces)

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