Crónica de a bordo (I)

La primera esquina que señalé en mi bitácora hace tres años fue justo esta, con ese mismo cielo transparente, aceras apenas transitadas, siempre de su mano y el mismo objetivo de viaje: Montréal First People Festival.

( Un privilegio )

Y, bajo ese sol imponente de mediodía, a pesar de ser las ocho y poco de la mañana, se suspende la amenaza de una tormenta de verano pasajera pero arrebatadora, que sorprende, inesperada, que se desata tras el calor pegajoso premonitorio. La lluvia azota despiadada los rascacielos y la gente se empapa, sin prisa, resguardándose en la boca del metro, en las entradas de los edificios, riéndose de lo “oportuno”, unos cuantos paraguas, otros tantos chubasqueros, y un puñado de niños bailando y danzando en la fuente de la plaza de los artistas bajo la lluvia.

Y no importa, no importa empaparse, no importa hundir las sandalias en los charcos, porque no hacía calor, no hacía frío…y no parábamos de reír, buscando el Museo McCord, donde se celebraba la 20th Awards Ceremony, ajenas a todo…envueltas en la tormenta canadiense.

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