Mis residentes, mis queridos residentes…

Después de un año difícil e intenso, lo mejor: ellos.

El número total asciende a más de quinientos y no, no los conozco a todos, pero sí a la mayoría. Hemos pasado por todo tipo de vicisitudes, hemos afrontado problemas y adversidades varias, hemos celebrado los momentos álgidos y hemos digerido las críticas como han ido presentándose, con grandes dosis de paciencia y buena voluntad.

Y después de esta inmersión completa, al 50%, en el campo de la docencia, la gestión y la calidad, compaginando el otro 50% de asistencia en la urgencia, centralizando sus quejas, ellos, mis residentes, mis queridos residentes, se organizaron y reunieron anoche para celebrarme y despedirme, con una fiesta sorpresa, cena y regalo incluidos. Y no por el detalle, inesperado y excesivo, sino por el maravilloso fenómeno humano, de que se unan para festejarte y cerrar el círculo, despedirte de un cargo caduco, el de Jefe de residentes, que anualmente se renueva, y habiendo dejado tanto por hacer, tanto a medias…

Aún no he despertado del sueño, aún no he vuelto completamente a la realidad; fue un año único, con un adiós precioso…

Gracias a vosotros, que lo hicisteis posible, que me hicisteis el camino más fácil…

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