El paciente pupilo del Dr. Gregorio…

(Rescato un momento brillante de la guardia)

Nos observa desde el sillón 2, divertido, travieso, sin protestar de sus quince minutos de espera hasta ser atendido, con sorprendente familiaridad, respondiendo en términos médicos, “aunque no terminé la carrera porque tenía cosas más interesantes que hacer, sabe doctora…“- me mira cómplice, “porque es usted doctora, ¿verdad?, aunque es bastante joven…¿estudió aquí en Madrid?, ¿cuántos años tiene?“- hila con una extraordinaria vitalidad, como si tuviera que concentrar en cinco minutos todo lo que quisiera decir en media vida…”Don Gregorio decía que el hombre tiene la edad de sus arterias“- me instruye mientras estudia el dorso de mi mano. Y sin pensárselo dos veces la coge y confiesa, “también decía que había que oír al cuerpo antes de hacer tantas pruebas…“-intenta convencerme con sus más de ochenta primaveras, “y las mujeres saben escuchar mejor que los hombres…“-duda, “…no, no todas, tiene usted razón“-sin que yo hubiera despegado los labios siquiera…

Y ambos nos reímos de la conversación-monólogo llegado este punto, porque hay entendimientos superiores a la palabra, ya lo decía el Dr. Marañón, “hay que saber escuchar al cuerpo…

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