Sala de espera

Cuatro paredes, siempre, inertes, interrogantes, frías, cuadrilátero asfixiante de bancos incómodos, voces en off y olores asépticos.

Las conversaciones cruzadas son la disección de la sociedad, en las que, por un segundo, el im-paciente alza la batuta y dirige el mejor concierto de la historia, enmienda la peor crisis y entrena al mejor equipo de fútbol; un verdadero observatorio del sentir popular. Si bien habría que diferenciar según qué tipo de consulta se aguarda…los antequirófanos son peor…

Estando en ese otro lado, es indifenrente, sólo se siente cómo se deslizan por el cuello del reloj de arena los segundos, amargos, quebrando la garganta y enmoheciendo la boca, eternos…

Hasta que, horas interminables después, aparece media sonrisa postrada en una de esas camas articuladas, que conforman mi día a día y a las que nunca me acostumbro, y emerge una mano pequeña que se pierde entre las mías, helada, pero ¡qué alivio!, sientes que el aire vuelve a abrasar los pulmones, entra con fluidez en cada inspiración…”ya pasó, ya todo acabó…

Nota: Los médicos también sienten y padecen…

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