Área única II

7 llamadas.

Siete.

Con sus consiguientes 4 ó 5 minutos, mínimo, debí cronometrarlos para poder cuantificar con exactitud y en parámetros estadísticos, que parecen ser los únicos válidos y así codificar en coste-efectividad o lo que sea, porque estrictamente, el efecto no es en la salud, aunque yo me atrevería a afirmar que sí, puesto que cualquier información que posea del paciente su médico de cabecera, es inversión directamente proporcional en su salud, en su bienestar…¿o acaso no se ilumina la cara del paciente cuando, una vez recuperado del evento o problema de salud, acude a su médico y éste le cuenta que sí, que sabe lo que le pasó…?

Siete llamadas, con una voz electrónica multiopción como respuesta a la inquietud y el intento de localizar a su médico, marcando el 9, número-comodín-para-cualquier-otra-consulta-o-ser-atendido. Y finalmente, la insistencia que siempre obtiene frutos, aunque no sean los deseados, me devolvió a su doctora al otro lado de la línea, con la que pude mantener una conversación frugal de la que escasamente pude obtener una relación de su medicación habitual y la desazón de que el sistema no funciona:

En cuanto a los centros sanitarios: las vías de comunicación más bien parecen de in-comunicación, contactar con un compañero supone toda una odisea, los registros que tenemos de los pacientes son imprecisos en plena era-internet y no hay informes actualizados de lo que le acaece…

En cuanto al paciente: Tienen una idea vaga de cuanto les sucede y se me ocurren tres opciones, marque-la-correcta-si-es-su-caso: ¿no quieren saber, saben pero hacen como que no, no tienen ni idea ni se atreven a preguntar porque el miedo les paraliza?; raramente conocen sus tratamientos, pero distinguimos subgrupos:  los precavidos guardan en la cartera una relación de píldoras impronunciables, los más cuidadosos plastificada incluso; los obedientes, llevan al médico la famosa “hoja de medicación” impresa por su MAP, ajada incluso, pero consigo; pero la mayoría desconoce la medicación precisa que le corresponde por nombre propio, eso sí, los colores, como en la más tierna infancia, se les quedan grabados en la retina, junto con sus formas, redondas, pequeñas, cuadradas, asociadas a las comidas, las cenas y el café matutino. Mención especial merece el sintrom, que salta como primer resorte, a modo de presentación, antes de iniciar siquiera la conversación, “doctor, que tomo sintrom“, pues lo tienen interiorizado hasta tal punto que probablemente sea el único fármaco del que el paciente conoce posiblemente la ficha completa.

– Y, por último, aunque me pese, los compañeros, sean de la especialidad que sean, y con independencia total y absoluta de su ubicación, que desestiman el valor de la historia clínica y de las anotaciones cuidadosas de cada uno de los acontecimientos del paciente, aunque sea al margen…

Resultante de las siete llamadas: Tristeza y pesar. Podríamos hacerlo infinitamente mejor, entre todos…y así el sistema funcionaría a las mil maravillas; la pregunta mordaz es ¿queremos?

( Y conste, me considero de los optimistas, aunque últimamente no lo parezca…)

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