“Fuentealegre”

Fuensanta, Santy, Santiña…

Madre, maestra, profesora, consejera, ejemplo, refugio y paz.

No me bastan las palabras, que con ellas no podría perfilarte siquiera…

Aprendí a caminar de vuestras manos, raíces en terreno fértil, a dibujar las palabras, las ciencias y las artes, trazar un horizonte de ideales y valores, demasiado niña…tú, modelo a seguir, pasión, generosidad, devoción y vocación, espíritu y entrega, innovando y educando desde hace más de tres décadas, alentando generaciones que hoy recuerdan respiraron más allá…

Ojalá contaras algún día cómo fue aquella enseñanza de los setenta, los ochenta y los noventa, cómo revolucionar la escuela en el afán del día a día, la revolución individual, cada cual en su entorno, contagiando sin premeditarlo hasta conseguir alzar la epidemia…

La enseñanza es de las profesiones más bellas del mundo, coincido contigo, ser maestro en el arte de…como dijera el periodista malagueño Antonio Guadamuro, en el 96, con motivo de tu presentación en aquel histórico pregón de Semana Santa,  donde te definió textualmente: “Fuensanta es maestra de la enseñanza, maestra de la cultura, maestra del amor a su pueblo, maestra del cariño con su marido Pedro y con sus hijos Pablo, María y Raquel, maestra en la devoción y la fe que profesa a su Cristo de la Vera-Cruz y, en definitiva, maestra en amistad con todo el mundo”. Como queda patente cada vez que caminamos por el pueblo y los niños corren a arremolinarse alrededor tuya para saludarte, gritando cariñosamente “¡maestra!“; y en tus palabras: “Hasta entonces, una no sabe realmente lo que ese título significa, hasta entonces no tiene el peso, el pedestal del sentimiento vivo. Tal vez no los conozcáis, tal vez os llegue una frase, un comentario…, pero ellos nos vivenciaron cuando éramos más y menos jóvenes pero siempre dinámicos, emprendedores, siempre luchando por ellos, a su lado, y la mayoría lo sabían, lo saben, siempre entregados…, capaces de unas clases sin horas, de tardes y noches de ensayo, de carnavales, de teatros, de exposiciones, de certámenes de poesías, de excursiones, de paellas y meriendas, de charlas interminables en la calle, en la feria, en las tiendas…, tan valiosas, tan productivas porque eran como el darse la mano en un trato, de esos de nuestra tierra en que, con solo estrecharla, aquello que se había establecido, sin ningún papel de por medio, era la ley de calidad más sagrada, era una confirmación de la palabra dada y ahí estaba el honor de las personas…”

Gracias, en nombre de mis compañeros, en nombre de todas las generaciones, por dejarnos tu impronta, la carrera profesional no se acaba, sólo se transforma, como la materia, sembraste en el huerto fértil del Jardín fecundo, permanecerás por siempre.

Y a título personal, íntimo, permíteme agradecerte pública aunque secretamente: Gracias, gracias por hacerme a imagen y semejanza…

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Una respuesta a “Fuentealegre”

  1. guillermo dijo:

    Enhorabuena rqgb!!. Desde mi humilde punto de vista personas así hacen que sus revoluciones cotidianas, silenciosas y humildes den valor y sentido a una vida por encima de discursos y proclamas. Al final de todo están las personas y lo que hacen con sus vidas. Este es un buen ejemplo y todos los que la han rozado deberían sentirse orgullosos y emocionados. A seguir el ejemplo…!

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