Escribiendo biografías ajenas (I)

Aprendemos respirando, enseñamos haciendo.

Lo usual para nosotros, adaptados al estado de alerta perpetua en la urgencia, es inusual para ellos, o incluso excepcional. Nos manejamos con soltura y serenidad ante situaciones que les generan respeto, ansiedad, temor…¿por qué no confesarlo? Ante lo desconocido, ante lo novedoso, ante la realidad, nuestros instintos se despiertan y actúan por nosotros. “Lo has estudiado, lo sabes, tranquilo…“-le repito en voz baja, hasta que el residente se hace cargo de la situación y toma las riendas, actúa. “Lo has hecho muy bien“-le miro cómplice y triunfante, en esta difícil tarea del binomio enseñanza-aprendizaje, todo un complejo arte.

Y el cuerpo convulsiona, ajeno, poesía pura, música, rítmico antes de ceder bajo los efectos del diazepam, rodeado de mis queridos cuerpos celestes de enfermería, residente a la cabeza que estrena técnica, colocando por vez primera el guedel, maravillado ante el episodio aunque temeroso, y mi papel expectante, siempre atenta por si acaso hay que actuar, asintiendo, respetando los tiempos…

Otra historia más que atesorar para mí, la primera para él…

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