Errar es de humanos

Repetida hasta la saciedad. Pero nunca bien aceptado el error, jamás invitado de honor. Santo y seña de humildad, reconocerlo, menos aún en palestra pública, si bien acostumbramos a la confesión entre compañeros, o a puerta cerrada, en las temidas sesiones de morbimortalidad, reflejar la imagen especular y brindar el análisis, digno de aplauso.

Así descubro (y me descubro) la crónica del Dr. Santos, sin temblarle el pulso que ejecuta y reflexiona, brillante ejercicio de madurez. Invito a cuantos nos rodean y participan de este lujo de profesión que nos tiene, practicarlo día a día, y compartir las fantasías de error, o la realidades de actuación, porque esa sinceridad para con nosotros, nuestros compañeros  y nuestros pacientes, nos hará ser mejores profesionales.

Gracias Doctor, por la lección de hoy; un placer leerle y conocerle.

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