El posesivo

Reconforta.

Llega al filtro y pregunta si hoy está Raquel. Desprovista de apellidos y etiquetas, así sin más, como si de una quinceañera norteamericana se tratase, que con sólo el nombre de pila posee identidad suficiente para coronarse el mundo. Pero lo hace con tal naturalidad y confianza que el interlocutor da por supuesto de qué Raquel se trata; y, curiosamente,  en un gigante sanitario de más de 7000 trabajadores, es fácil encontrar una sola Raquel…o la Raquel que uno busca…

– “Es que yo soy su paciente“-aclara satisfecha alisando los pliegues de la falda que esconde esa grácil figura de menos cincuenta kilos y más de ochenta primaveras, ¡quién lo diría!

Una de mis enfermeras preferidas se acerca anticipatoria a la consulta para avisarme del auto-recomendado que le sigue muy de cerca los pasos y aguarda, inevitablemente, para calibrar la reacción. Ella asoma la faz con una sonrisa triunfadora y atestigua nuevamente “somos sus pacientes desde que trabajaba en el centro de salud“. Han pasado seis años y medio, pero sí, son y serán mis pacientes toda la vida. Con todo lo que el posesivo implica para ellos y para mí, en ese vínculo intocable sagrado de la relación médico-paciente.

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Una respuesta a El posesivo

  1. Yo oigo con cierta frecuencia que alguien, detrás de la puerta, en la sala de espera, pregunta a los demás pacientes: “¿Está Don Manuel?” Estoy siempre, o casi siempre, pero por si acaso. Puedo sentir una sensación similar a la que tan bien describes. Ya sé, quieren que esté yo, son enfermos a los que conozco desde hace más de 26 años y ellos me conocen a mí. Hay, pues, conocimiento y confianza.
    Pero otras veces, me malicio que van a pedirme “algún favor” quizás simplemente un informe para una minusvalia o una receta que en la farmacia le han recordado que deben. O tal vez sea algo francamente irregular.
    En fin, que esa es la lucha diaria, un tira y afloja entre lo que puede ser y lo que no, un gusto por gozar de confianza y un deseo ocasional de ser anodino. Pero lo importante es venirse a casa con la conciencia tranquila aunque cansado.
    Muchas gracias por tus reflexiones.

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