No quiero que…

…me ingresen en Cantoblanco“-argulle nada más franquear la puerta del filtro, tambaleándose, ahogándose en la taquipnea y renqueando; “porque si fuera su padre no lo mandaría allí…

Muérdome los labios por enésima vez y no respondo, simplemente me ciño al “¿qué le ocurre?, ¿desde cuándo?, ¿cómo se alivia?, ¿a qué lo atribuye?, mientras colocamos el pulxiosímetro en el índice y abrazamos con el manguito el brazo para cotejar la tensión.

Pero ante la insistencia, caballero, que esgrime, con sentencias vacuas, debiera decirle que sí,  que en Cantoblanco ingresé a mi familiar cuando tuve la oportunidad, porque los profesionales son excelentes, porque yo roté allí, hace siete años, ¡quién lo dijera!, ¡cómo se pasa la vida tan callando!, y conservo recuerdos inmejorables, que la distancia es relativa y la ignorancia, ¡ay, hablar sin saber, qué manido vicio tenemos!, sigue siendo muy atrevida.

¿Qué estamos haciendo con la Sanidad / de la Sanidad?, ¿no deberíamos hacer al ciudadano igualmente consciente y partícipe de la gestión de los recursos?, ¿realmente es necesario sufrir en primera persona para comprender?, ¿o sólo es cuestión de conciencia y madurez?

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Una respuesta a No quiero que…

  1. Y esa mala fama? Como se combate? Gracias por la historia… 🙂

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