Ocurrencias

Tiene la edad imprecisa del que ha vivido demasiado, papiro de piel transparente, ojos de avellana tenues, falanges afiladas por dedos y uñas carmín que casi se hunden en mi antebrazo cuando me increpa “¡Niña, ¿qué haces aquí? Es Semana Santa, tendríais que estar de vacaciones y nosotros en casa…

Dan ganas de abrazarla, pero se queda en un gesto tibio-cariñoso-mano-antebrazo, “alguien tendrá que cuidar de usted, ¿no?…y de todos los demás pacientes, ¿le parece?“-respondo. Y me hace un ademán elegante, de índice-diestro-acérquese-jovencita-que-le-cuento-un-secreto y susurra: “Ya somos mayorcitos para cuidar de nosotros mismos“-afirma.

No lo dudo, noventa y más primaveras, pero siempre hay alguien al otro lado, aunque no nos lo parezca, aunque lo ignoremos, el mundo sigue funcionando con una inercia brutal…pero gracias por el guiño nonagenario…

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