En bandeja de plata…

Lo vi. Vi su obra maestra, rubricada a sangre; la que emanaba del cuello de San Juan, doblegado, sumiso, entregado. El denso drama de la atmósfera contenida, el color frente a la neutra oscuridad de fondo, la emoción en un plano, en la Decollazione di San Giovanni Battista.

Lo contemplé, minutos eternos, al maestro Caravaggio…

El mismo día que reclaman la mía. Distintos contextos. Francas similitudes. Asumo responsabilidad, me doblego y reconozco. Lo único que me aterra es dejar de serme fiel a mí misma, el resto siempre tiene solución, aunque para nosotros no suponga un problema, aunque sea un malentendido, a veces simplemente es mejor servir la bandeja para saciar el ansia y luego, con el vientre servido, recapacitar e invitar al diálogo.

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